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viernes 20 octubre 2017
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Concluyó Reunión de Alto Nivel sobre SIDA

El viernes por la tarde concluyó la Reunión de Alto Nivel sobre el SIDA, con avances algo contradictorios y una utilidad futura relativa.

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Javier Hourcade Bellocq | Corresponsales Clave

Del 8 al 10 de junio se desarrolló en la sede de las Naciones Unidas la Reunión de Alto Nivel sobre sida, que lejos de ser un evento de alto contenido político fue una lavada conferencia diplomática sobre el sida. Esto sería anecdótico, si pasáramos por alto que estamos en un punto de inflexión entre poder poner fin al sida o continuar como siempre, sin urgencia, en una serie de fallidos intentos de respuesta, que incluyen estas costosas ceremonias.

Un final conocido

La verdad sea dicha, el 7 de junio la declaración estaba negociada y lista para aprobar. Los días y las horas previas hubo una serie de enredos y escenas de tragi-comedia a partir de la “ruptura del silencio” (reapertura de la declaración y de la negociación) de Rusia, que dio una luz de esperanza de mejorar el texto, pero que merced a las fuertes presiones de algunos Estados Miembro no prosperó. Así, a las 10 de la mañana del día 8 de junio se puso a consideración de la Asamblea General la declaración política y se aprobó, a pesar de nuestros -ya clásicos- berrinches de la sociedad civil.

Incluso se hizo la amenaza que a la hora de la presentación, ya que estas declaraciones no se votan, la sociedad civil unida se pondría de pie y abandonaría el recinto de la Asamblea de Naciones Unidas, con la intención de lograr quizás una cobertura de los medios de comunicación que pusieran de relieve las preocupaciones y objeciones. Nada pasó, ni la sociedad civil en las gradas más altas ni tampoco  aquellas sentadas alrededor de sus representantes de gobierno en el piso principal se movieron. Nadie movió un músculo, y la cosa pasó muy bien aceitada como toda maquinaria diplomática.

Un activismo del siglo 21

Pero si se hubiera cumplido “la amenaza” de abandonar las Naciones Unidas, no cabe duda alguna que los medios de comunicación hubieran cubierto y recogido la historia, más valioso para lo fines buscados, que hacer ruido en la puerta de las Naciones Unidas. Parece que esta coreografía folclórica del movimiento del sida está en avanzado estado de extinción. Pues de nada sirve gritar entre nosotros, más que quizás como un ejercicio de catarsis colectiva. Creo que la demostración más significativa tuvo, en un cálculo optimista, tres docenas de personas haciendo ruido en las veredas de las N.N.U.U.

En algunos medios de comunicación influyentes se publicaron algunos artículos críticos a la reunión y la declaración que fueron producidos por periodistas especialistas en salud y desarrollo, cuya principal fuente fueron algunas organizaciones que estuvimos proveyendo información por canales alternativos.

Es hora de actualizarnos, en la era de las comunidades virtuales, vale más una campaña profesionalmente articulada en las redes sociales que una raquítica procesión callejera.

Los quienes

Las principales personas perjudicadas por la declaración política, salvo contadas excepciones, no estaban en la Naciones Unidas en persona,  ni adecuadamente representadas. Son aquellas que viven el día a día, inmersas en su propia vulnerabilidad, aislados por sus barreras estructurales y expuestas a la violencia y la enfermedad. La pregunta que muchos se hacen es: ¿a qué fueron tantos cientos de personas a la Ciudad de Nueva York si la declaración ya estaba cerrada? Cada uno que responda a este interrogante, si se considera sujeto de algún grado de rendición de cuentas. En lo que respecta a un grupo mucho menor de activistas y organizaciones que hace más de seis meses venimos trabajando para lograr un mejor resultado, nos tocó masticar el polvo, las lágrimas y la frustración, habiendo perdido frente a la maquinaria de las Naciones Unidas.

Si uno compara el Borrador cero que presentaron los facilitadores en abril, después de la audiencia de sociedad civil, y lo que finalmente se aprobó, podrán tener un recuento de las pérdidas y los daños. Estoy convencido que si la sociedad civil hubiera trabajado más en equipo, siendo más transparente sobre las agendas y acciones, los resultados hubieran sido mejores. Pero creo que de esta experiencia siempre se aprende, y  la próxima será mejor. Pues no todo es lo mismo, hay colegas que hace muchos meses vienen en forma incansable y con bajo perfil trabajando con las misiones y las capitales, pero a la hora de la verdad, en la ONU, sólo prevalece el hecho ineludible de que los países son soberanos y autónomos, y que no se van a comprometer en nada que en sus propios contextos e ideologías les convenga. Pero vaya, aunque tengamos discrepancias salvables, para todas las organizaciones y sus líderes que se comprometen en estos espacios en el día a día, algo de todo eso vale la pena.

Las Naciones Unidas, como sistema interestatal, es un placebo que nos tiene a todos cuasi-convencidos de que sirve para mejorar la calidad de vida de la gente, pero solo logra dar unos pasos de bebé que llegan tarde a resolver los grandes temas contemporáneos. Sea la crisis de desplazados europea, los bombardeos en tierras ajenas, las nuevas epidemias o las grandes violaciones de los derechos humanos, las que hayan pasado y pasarán. El sistema de las Naciones Unidas pide a gritos una pronta y profunda evaluación y consecuente reforma. Esperemos que el recambio de un nuevo liderazgo sea una oportunidad en éste sentido.

La solución no vendrá por escrito

Teóricamente, con un lápiz y un papel, podríamos poner fin a la epidemia; tenemos, en algunas partes del planeta, medicamentos de alta eficacia para tratar y hacer crónica la infección por el VIH. Depende donde vivas y como vivas, no hay razones de peso para que una persona se enferme de complicaciones relacionadas con el sida. Es más, si tratáramos a todo el mundo casi sería imposible que el virus siguiera circulando. Pero pasar de la teoría a la práctica tomará muchas décadas y esto costará millones de vidas. La ciencia está, como también existen los recursos económicos disponibles para poner fin al sida, no en 15 sino en dos años, pero esto también es todo teoría.

La reunión de alto nivel consistió en la aprobación de la declaración, tres días de discursos de los gobiernos y algunos representantes de sociedad civil en la asamblea general, cinco paneles y una docena de eventos paralelos. Y como las conferencias, el primer día a sala llena y los últimos con salas casi vacías. Todo esto costó mucho dinero, que últimamente no sobra.

Algunas partes de la declaración política serán de utilidad para la incidencia política y presionar a los países a cumplir sus compromisos o rendir cuentas. Pero creo que lo más útil fueron los discursos, que en la mayoría de los casos fueron mucho más comprometidos de lo que se lee en el papel y estos pueden ser usados con idénticos fines. Y en eso nos avocaremos en los próximos meses y años para darle a este costoso evento un valor añadido.

El bajo perfil de lo importante

Quiero destacar el trabajo de ICASO, el Grupo de Trabajo de Sociedad Civil y otras organizaciones no gubernamentales internacionales que desde hace meses en Nueva York y en las principales capitales del mundo estuvieron incidiendo para alcanzar un mejor resultado. En este mismo sentido, hay que mencionar la excelente labor de la Misión Permanente de las N.N.U.U. de la República Argentina que lideró y presionó un lenguaje muy necesariamente progresista. Es un buen antecedente y precedente de cómo se puede trabajar tácticamente y oportunamente a los márgenes de los grandes salones. Otro ejemplo, fue la multitudinaria pero dolorosa reunión que organizó AID FOR AIDS para discutir la crisis de Venezuela que reflejaremos luego en un artículo posterior.

El sufrimiento de los hermanos venezolanos, por ejemplo, sin 150 de los medicamentos esenciales, médicos, alimentos y servicios básicos, deja en mayor evidencia la obscenidad de los egos de muchos otros colegas de la región que no dejaron pasar la oportunidad de retratarse en la clásica foto en la banca de su país, fotos grupales con los representantes gubernamentales y diplomáticos que con tanto desdén nos tratan en casa, hablando (se) en los paneles y retratando (se) los reencuentros con los lejanos colegas en todos los pasillos del edificio y sus alrededores.

Todo está ahí, exhibido sin tapujos en los Facebooks, los Twitters y los Instagram, propios de los colegas. Y algunos que no dudaron en subir imágenes turísticas a la misma hora que sucedían en las Naciones Unidas las “tan importantes” discusiones. Esto demuestra que ya no hablamos para la tribuna, ya no predicamos entre convertidos, ya sólo hablamos para nosotros mismos.

Veremos más de lo mismo en un mes, en ocasión de la próxima Conferencia Internacional de sida, sólo que a una escala mucho mayor. Y las más poderosa herramienta que tenemos en nuestras manos, las redes sociales virtuales, son usadas casi exclusivamente con fines superficiales de auto-promoción. Urge abandonar el viejo paradigma del activismo para interpelar el poder desde y  por medio de las comunidades virtuales donde seguramente lograremos algún impacto e involucrar un número significativo.

Señalo esto en particular, para la constituyente de los latinoamericanos, porque para los que fuimos también en plan de escuchar tuvimos el privilegio de presenciar valientes testimonios de mujeres activistas que viven con VIH, por ejemplo, de medio oriente o de la región norafricana. Usuarios de drogas que desafiaron el estatus quo denunciando la criminalización y la falta de servicios en sus países, como Rusia, a los que deberán luego regresar. Todos ellos y ellas son los que nos piden a gritos, que desde nuestro lugar de privilegio, hagamos algo real por el prójimo no tan próximo. Por eso, no creo que estos eventos sean necesariamente prescindibles sino que nos exige que participemos en ellos “mirándonos más allá de nuestros ombligos”. Y para probar que algunas cosas sí valieron la pena, esperamos que nos acompañen en la lectura de los próximos artículos relacionados con esta Reunión de Alto Nivel.

 

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