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Jueves 27 abril 2017
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TESTIMONIOS | Maureen Brenson

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Si una amiga me dice ¿cómo estás? le diría que a veces estoy bajoneada pero que eso me lo guardo, es que a veces me siento sola, sola de pareja, no de familia, mi familia son mi hija y mi mamá. Pero le diría que también estoy feliz, porque soy optimista y creo que vamos a lograr muchas cosas para otras chicas desde la ICW.

Dice mi madre que nací en un día de sol hermoso, en enero del 63, y que era tímida pero me gustaban los abrazos. Ella militaba en política y trabajaba como cosmetóloga en una firma conocida. Mi papá era apuntador, antes de yo nacer era militar. Era autoritario, muy muy inteligente y luchador.

Me pasaron cosas que cambiaron mi vida para siempre. Quedé embarazada, era chica, como en mi familia hablar de sexo era tabú, estuve fajada durante el embarazo. Luego por vergüenza le di la patria potestad a mi madre. Mi hija hoy no me dice mamá pero lo sabe, y nos amamos profundamente. Se llama Allyson, sabe que vivo con VIH, al principio lo tomó con vergüenza como yo tomé en su momento el hecho de tener una hija siendo menor de edad. A mis 19 años falleció mi padre, perdí una gran figura. Después empecé a inhalar cemento, conocí muchas gamas de drogas, no tenía 30 años.

En 1990 me casé con Aldo, él era músico, fuimos muy felices. En 1992 murió de sida.
Empecé a trabajar en la lucha contra el sida desde el anonimato; después, comencé a desarrollar positivamente mi experiencia, me encontré más madura y tranquila, lista para dar la cara, para hacerme visible. También trabajo en la reducción del daño en drogas, ya no soy usuaria.

¿De dónde me agarré para dejar de consumir drogas? Yo qué sé. Creo que al trabajar el tema con los jóvenes como ex consumidora. Porque hay un prejuicio muy grande hacia una persona que consume drogas, y eso fue lo que me dio la fuerza para encarar, me hizo dar cuenta de la falta de información que tuve cuando consumía. Como usuaria fui discriminada en hospitales más que por vivir con VIH.

Soy joyera recicladora, hago cosas con cubiertos viejos de alpaca o de plata, también hago artesanía común. Para mi es un relax pero tengo que concentrarme y decir esta semana me quedo y no pienso en nada más. No es fácil, el trabajo con las manos no es solamente martillar.

Si ganara la quiniela y pudiera tomarme alguna vacación, me iría a Salvador de Bahía, en Brasil, ay me encantaría. Pero cuando más vendo en las ferias de verano.